Una Real Escopeta. Victor Sarasqueta.

“On egin” en Euskera, o “hacer bien” en castellano era el lema principal de D. Victor Sarasqueta Suinaga (1864-1930), industrial armero español y fundador de la firma de escopetas Victor Sarasqueta que, posteriormente, se convertiría en una de las escopetas de más alta calidad en el panorama nacional e incluso internacional.

 

Cuando en 1902 recibía el diploma que le acreditaba como armero oficial de la Casa Real y más concretamente de Alfonso XIII, Victor Sarasqueta era uno de los empresarios más reconocidos de la época. En su ciudad natal, Éibar, se respiraba una efervescencia de vapor, hierro y hollín. En 1906 sería cuando Sarasqueta pone en marcha su propia empresa y en pocos años se sitúa como punta de la lanza en la industria escopetera Española. Su lema era On egin; solía decir que, “lo que bien se hace cuesta algo más pero todos lo quieren mientras que lo que se hace mal cuesta algo menos pero nadie lo quiere”.

 

La elaboración a principios del siglo XX de una escopeta era un proceso artesanal que requería un tiempo y una mano de obra inconcebibles en la industria actual. En las fábricas convivían basculeros, cajeros, ajustadores, grabadores, cañonistas… Cada pieza del arma era fabricada y ajustada a mano en secuencias que podían prolongarse semanas e incluso meses. La parte más delicada desde el punto de vista técnico era el ajuste de la báscula, el verdadero corazón de la escopeta y el mecanismo que hace posible la oscilación de los cañones. Las Sarasqueta se caracterizan precisamente por el exacto acoplamiento de todas las piezas, algo que sólo podía conseguirse después de innumerables horas de trabajo a golpe de lima. «Hacer algo así hoy en día es impensable», resume Juan Antonio Sarasketa, que explica que la mayor parte de los fabricantes de ahora se limitan a ensamblar piezas traídas de otros lugares.

 

Todo el que tenga una Sarasqueta sabe que son escopetas “con alma”. La madera de sus culatas, la simetría del acero de sus cañones, sus grabados, etc. hacen ver que uno se encuentra ante una pieza poco común.

 

En 1930 con la muerte de Victor Sarasqueta llegó el declive de la marca, sus hijos siguieron adelante con el negocio, pero sus productos nunca llegaron a alcanzar el grado de perfección de las escopetas originales. Ochenta años después de la desaparición de su creador, las Sarasqueta siguen siendo las mejores escopetas españolas de todos los tiempos.

 

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